En el JM de los Ríos al menos 35 niños luchan contra las enfermedades y la escasez

En el piso cinco del Hospital de Niños José Manuel de los Ríos unos 35 niños luchan por su vida. Pasan sus días entre inyectadoras, medicinas y el fantasma del “no hay”.

La tarde del viernes 27 de mayo se convirtió en una fiesta gracias a Prepara Familia, una ONG que tiene ocho años trabajando con ellos y que una vez al mes, celebra los cumpleaños de los pequeños y sus madres. Esta vez hubo una particularidad: por primera vez no tuvieron torta. La grave escasez de alimentos no permitió conseguir los ingredientes, pero eso no fue obstáculo para reír.

Con gelatina, cantaron cumpleaños y cada uno dijo sus deseos. Cada madre decía que su sueño era que sus hijos salieran sanos de allí lo más pronto posible. Los deseos de los niños eran una evidencia de la inocencia de sus corazones: decían que querían ser doctores o músicos. Un pequeño incluso dijo que su sueño era ser Presidente. “Seguro sería mejor que el que tenemos”, se escuchó de boca de uno de los familiares.

A escasos metros está una habitación donde permanecen tres pequeños que no están en condiciones de acercarse a la fiesta. Sus condiciones son graves y la deficiencias del sistema de salud los han vuelto aún más vulnerables.

Gabriel Mejías tiene un tumor cerebral. Llegó por primera vez al JM el 10 de mayo. Los últimos de enero se quejaba de persistentes dolores de cabeza y le empezaron episodios de náuseas y vómitos, por lo que Jacqueline Verdú, su madre, lo llevó al doctor. Todos los valores de la hematología se veían normales y, como por arte de magia, sus síntomas se calmaron durante unos días.

Una semana después, el cuadro regresó y Gabriel fue a visitar a un neurólogo. En Boconó, de donde es oriundo, solo hay uno que ve cada quince días, así que tuvo que esperar para poder atenderse. El doctor le indicó que tenía que hacerse una tomografía, pero el sitio más cercano donde podía realizarse era en Valera, es decir, a tres horas de casa. 

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Su mamá, incentivada por un familiar, decide que lo mejor es trasladarse hasta Caracas. En la capital Gabriel es atendido en el Hospital Militar, donde le descubren el tumor. Sin embargo, la travesía no terminaba: en el nosocomio no pudieron intervenirlo porque no tienen terapia intensiva para niños. Hubo que trasladarlo al JM, donde la intervención quirúrgica eliminó el 90% del tumor.

Se tenía programado que el 10% restante sería eliminado a través de quimioterapias, pero el caso de Gabriel se complicó. Desarrolló una bronconeumonía y, además, empezó a botar líquido por la herida de la operación. Tuvo que ser intervenido de emergencia. Estuvo dos días en terapia intensiva y, cinco días después de salir, le hicieron una tomografía que arrojó una terrible noticia: el tumor había vuelto a crecer.

Actualmente Gabriel pasa sus días en la habitación del JM, sin aire acondicionado, lo que puede provocar que contraiga una infección. Por las ventanas no solo pasan los rayos del sol: también entran moscas, que pueden convertirse en transmisores de enfermedades para los tres niños que la habitan.

Su mamá, Jacqueline, estaba estudiando para convertirse en bachiller cuando tuvo que abandonar sus estudios y dedicarse a cuidar a su hijo. El único sustento de la familia es su esposo, agricultor, quien además se encarga de hacer colas para conseguir los pañales de Gabriel. Además, debe viajar constantemente a Boconó, donde están los otros dos hijos de la pareja, por lo que Jacqueline se queda sola en Caracas “haciendo magia” para salir adelante.

“El hospital está muy deteriorado y las medicinas de Gabriel que tengo las he conseguido es a través de donaciones”, puntualizó. Gabriel necesita tres veces al día Berodual, Salbutamol y Budecort para tratar su condición pulmonar, “pero se me está acabando y no sé cómo voy a hacer después”. 

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Una de las compañeras de habitación de Gabriel es Aishel Sanabria, de apenas un mes y 20 días de nacida. Fue diagnosticada con mielomeningocele, un defecto del tubo neural en el cual los huesos de la columna no se forman totalmente, por lo que al tercer día de nacida ingresó al hospital.

Es hija de Elyanny Sanabria, de 21 años, quien perdió a su esposo el 28 de diciembre. “Lo mataron para robarlo”, dice Elyanny. Un par de días después, el 11 de enero, la violencia vuelve a golpear a su familia: el tío de Aishel muere a manos de la policía. “Dijeron que un enfrentamiento, pero eso no fue así. Él se estaba quedando en casa de un amigo, la policía se metió y los mató”.

La única ayuda de Elyanny es su mamá, quien se dedica a cuidar niños. Es ella la que compra las medicinas y quien hace las colas para comprar comida. “No podemos comprar a bachaqueros. Mi mamá y mi hermano están pasando hambre”, dice con lágrimas en los ojos.

Entre las cosas que rodean la cama de Aishel está una carpeta que contiene los récipes de las medicinas que, entre la escasez y la falta de dinero, no han logrado conseguir. Necesita ácido fólico, Bactron e Intafer. Además está la orden de un eco abdominal: no ha podido hacérselo porque en el JM no lo practican y debe realizar por fuera.

Consiguió, a través de una donación, una válvula de presión media, pero no han podido colocársela por su delicada situación. Los doctores que la atienden pronostican que quedará parapléjica. A Elyanny se le salen las lágrimas al recordarlo. “Yo solo quiero que mi hija salga de esto”.

Contacto

Prepara Familia, organización no gubernamental, se encarga de buscar y administrar donaciones de todo tipo para los niños del área de neuro del Hospital de Niños. Si desea ayudar, solicite información a través de los números 0414-323-25-37, 0416-609-44-84 y 0212-416-22-31, la cuenta en Twitter @preparaflia y al correo preparafamilia@gmail.com.