SOCIEDAD PODRIDA , Verdades dolorosas Ernesto García Mac Gregor

Qué triste sensación de frustración se siente cuando la desidia oficial, el robo

descarado y la corrupción a todos los niveles ya no perturban a la ciudadanía, la cual

muestra una grotesca indiferencia ante la destrucción sistemática del país. Todos

portando esa cobarde y cómplice conducta evasiva frente a un chavismo que nos ha

hecho corruptos y que mediante un nauseabundo tráfico de influencia nos ha

conducido a la degradación moral.

Todo lo empezó el que se creía eterno, con su “robar no es malo si se tiene

hambre”. Ahora que todos tenemos hambre y ante una situación económica desastrosa

provocada adrede por un gobierno forajido que nos está convirtiendo en otra Cuba, el

ciudadano común, no se ha convertido propiamente en un delincuente pero es incapaz

de conservarse totalmente honesto.

Lo notamos en el otrora virtuoso técnico que repara artefactos domésticos quien

ahora diagnostica costosísimas reparaciones, en el médico que indicas cirugías o

tratamientos innecesarios, en el vendedor que comercia con sobreprecio. Es la

consecuencia de la desesperación provocada por la “peladera”; simplemente el dinero

no alcanza. Los seguros de cirugía y maternidad cubren dos a tres días y los hospitales

públicos ya no son una alternativa y hasta resultan tan caros como una clínica privada.

En ese sentido hemos retrocedido 20 años.

Los militares de alto rango hasta las ñatas en la corruptela más desvergonzada

del mundo, con el dólar a seis bolívares. Empresas privadas con generales

corrompidos en su nómina ¡Dios! Los de menor rango compitiendo descaradamente

con la policía en el matraqueo, el chantaje y el soborno al indefenso ciudadano.

Pidiendo hasta la fe de bautizo. Si no consiguen nada. Dame pa´ los refrescos.

En el barrio, el “pata en el suelo” jefe de la comuna, de repente con tremenda

camioneta y nuevas queridas. Inscrito en todas las misiones, jefe de los Claps,

traficante de viviendas sociales, sanguijuela de la patria. Y los vagos de oficio

reproduciéndose como conejos, invadiendo terrenos, bachaqueando los bienes

subsidiados, parásitos de la patria. Se trata del nuevo hombre socialista. Tremenda

maldición que nos dejó el que se fue para no volver. Que oiga quien tiene oídos.