Venezuela pierde por un parpadeo que no puede repetir ante Dominicana

El plan del mánager Omar Vizquel se cumplía: Félix Hernández lanzó una apertura de calidad, Rougned Odor pagó con el bate su debilidad en la tercera base y solo faltaba que el relevo respondiera. Pero al béisbol le gusta improvisar y romper los manuales. Estados Unidos le hizo un daño irreparable a Héctor Rondón, quien dejó altas sus rectas.

Todo lo que había mejorado Venezuela, después de los angustiosos juegos de la primera fase en Jalisco, se perdió por un desliz en el octavo inning. No fue ante un lanzador equivocado. Héctor Rondón, setup de los Cachorros de Chicago, llegó al combinado para darle solidez a un bullpen que fue debilitado a mandarriazos por Puerto Rico, Italia y México. Sus credenciales bien pudieran abrirle la puerta para cerrar los juegos, pero ese no era el plan del mánager Omar Vizquel.

Lo que se había fijado es que el lanzallamas de los úrsidos asegurara el octavo inning si el equipo llegaba con una ventaja corta. Y puede hacerlo, su calidad compite perfectamente con los bates de Estados Unidos, uno de los temidos rivales del Pool F. El escenario se dio. Las rectas de 97 millas por hora decían que el poder estaba presente, pero uno de los pecados más recurrentes en Grandes Ligas es darle una mala ubicación a los pitcheos. Rondón falló en ese aspecto. 13 de los 29 cuadrangulares que pegó Adam Jones fueron el resultado de lanzamientos en los cuadrantes más altos de la zona, la misma característica de la lisa castigada que le disparó el venezolano.

Por segunda vez Rondón tropezó con la fastidiosa piedra. Ahora ante Eric Hosmer. Una bola rápida, a 95 millas, aterrizó tras la barda del Petco Park, que no pudo detener la conexión como acostumbra hacer. Esos dos batazos lapidaron la esperanza de la tricolor y le dieron el triunfo a las barras y las estrellas (4-2). Pequeños parpadeos, ante una ofensiva que acumuló el año pasado 325 vuelacercas, un guarismo tan ridículamente alto que hace ver como poca cosa los 264 bambinazos que dieron los Marineros de Seattle 1997, récord en la historia de las mayores.

Así como le pasó a Rondón, le pudo suceder a cualquier otro brazo, no importa de qué nacionalidad. Lo que resulta una pena para Venezuela es que el plan que trazó para tratar de domar a la bestia estadounidense se había dado a cabalidad.

Félix Hernández por primera vez le dio una buena salida a la novena en el certamen. Se le vio fuerte, tanto que fue capaz de lanzar una bola a 94 millas. En estos tiempos se pensaba que eso era un pájaro dodo para el Rey. De hecho, no tiró a esa velocidad en todo 2016 y la última vez que se le registró fue en septiembre de 2015, según el motor de búsqueda de baseballsavant.com.

Sorprendió con su recta, dominó con el cambio y salió del apuro del tercer capítulo con la curva que tuvo buenas parábolas. Solo faltaba la corte amarilla a un lado del estadio para que el momento fuese una buena imitación de las mejores salidas de Hernández en Seattle. Vizquel y el cuerpo técnico pudieron respirar aliviados.

Seguramente también les resultó refrescante las actuaciones de Deolis Guerra y José Castillo, sobre todo de este último, un muchacho que nunca ha jugado más allá de Clase A Avanzada y ponchó a las estrellas Christian Yelich y Nolan Arenado como si tuviera años en el mejor nivel.

Ni la suerte o las casualidades tuvieron que ver. Junto al receptor Robinson Chirinos los trabajó de maneras distintas. A Yelich, Castillo le abrió con una recta a 93 millas y después cuatro sliders seguidos a no más de 83. A Arenado lo retó con cuatro lisas a 94 y luego lo venció con tres sliders al piso. Todo eso con dos hombres en bases. Hay que tener heladas las venas.

Resultaron tan utópicos los siete primeros capítulos que lo que se esperaba de la titularidad de Rougned Odor se dio: exhibir su veloz y explosivo swing, así como las debilidades que padece con el guante. De acuerdo con statcast, la bola que sacó en el séptimo tramo viajó a 105 millas por hora, pero eso es una tontería si se compara con lo que significó para Venezuela: una fugaz ventaja en la pizarra. También cometió dos errores en la antesala, posición en la que debuta profesionalmente en el Clásico.

Será difícil para Vizquel buscarle puesto a ese bate, pues ya demostró por qué no puede estar la esquina de los candelazos. No es de extrañar que experimente este jueves al colocarlo como paleador designado, para darle descanso al alicaído Víctor Martínez. Ya que Martín Prado se perderá lo que resta de torneo por un tirón en la corva derecha, parece ser el momento para Yangervis Solarte, tercera base titular de los Padres de San Diego.

Lo único que quedó fuera de las predicciones que pudo plantear el cuerpo técnico es dominar a los demás a punta de batazos. El béisbol muchas veces le da la ventaja a los lanzadores, sobre todo en un grupo que no hay equipos tan frágiles de brazos como Italia y México, y en un lugar completamente distinto al volátil Jalisco.

No hay momento para otro parpadeo. El rival de Venezuela ahora será República Dominicana, tan bueno o mejor que Estados Unidos. Perder la concentración podría significar el adiós del sueño de estar entre los dos mejores del mundo.