¿POR QUÉ NO SE ALZAN LOS BARRIOS?, Verdades dolorosas Ernesto García Mac Gregor

Esperar que los barrios humildes se alcen porque son los más sufridos no
es una salida válida, tema que ha sido ampliamente tratado por Herrera Vaillant y
Luis Vicente León. En primer lugar, la prioridad de la gente marginal es batallar por
sobrevivir a los problemas inmediatos y cotidianos de su entorno.
No se asoman al futuro, ni manejan conceptos abstractos. Desesperados
se aferran a todo lo que les suministre oxígeno para continuar viviendo como las
misiones y los Claps. No son unos “vendidos”, simplemente temen perder lo poco
que reciben, así de simple.
Por otra parte, las “revoluciones” suelen ser el producto de proyectos de
intelectuales de clase media, como la francesa, la rusa e incluso nuestra
independencia, propulsada por los blancos criollos que eran minoría. La caída de
Pérez Jiménez fue realizada por militares que tumbaron a militares y que al otro
día permitieron que “bajaran los cerros” a saquear mansiones y a linchar esbirros.
Si fuese por miseria, Cuba, Corea del Norte, China, India y Brasil ardería en
llamas. El hambre puede traer saqueos de abastos y supermercados, pero no
busca cambios de régimen. La clase media compra caro y paga un "impuesto
directo" a la población pobre que bachaquea, la cual obtiene una transferencia de
ingresos, convirtiéndose en un estabilizador social. No hay entonces una situación
extrema que los ponga al borde de la explosión.
Por supuesto que la sociedad es cambiante y volátil y todo puede variar en
el transcurso de una crisis. Los procesos de transición se desatan de un instante a
otro. Son por naturaleza, súbitos como el Caracazo, que fue espontaneo y sin
planificación. Si la dictadura no resuelve esta crisis que está llegando a su límite
de tolerancia, el hambre, las colas y la falta de medicinas serán más graves y se
agudizará el problema en los hogares y es ahí cuando la situación podría
complicarse.

Los pueblos con hambre y miedo aguantan, pero llega el momento en que,
intoxicados de mentiras, expulsan al populista de turno. Sin embargo, no podemos
cruzarnos de brazos a esperar que el estallido social o el “dialogo” resuelvan el
problema. Nuestro único camino por ahora es el voto. Votar no garantiza el éxito
pero no votar si garantiza el fracaso. Que oiga quien tiene oídos…