Fútbol menor en Venezuela: Cuando el sacrificio se convierte en un riesgo

Escribir sobre el lamentable asesinato del niño Brayan Navarro en las carreteras venezolanas por la delincuencia es verter tinta sobre un flagelo que sigue azotando el país sin encontrar prontas respuestas a su solución. El caso de este pequeñito de Mineros de Guayana es el resultado, es la consecuencia de una planificación organizativa del fútbol menor que no va acorde con la realidad país. Es imperioso encontrar el orden inmediato al desorden

Hay una pregunta básica en todo esto: ¿por qué un niño de 10 años debe rodar cientos de kilómetros para disputar un partido con su equipo? Es ilógico planificar encuentros de categorías realmente en edades de formación que incluyan traslados interestatales. Brayan estaba en edad de disfrutar el fútbol, de aprenderlo, no de recorrer carreteras como los adultos para disputar 90 minutos. Brayan merecía terminar su partido e irse a cenar con sus padres y a dormir.

Tuve la oportunidad de vivir un tiempo en San Cristóbal y me preocupaba ver como las categorías nacionales, conformada por chamos entre 13 y 19 años, tenían que trasladarse los fines de semana en largos viajes hasta ciudades a más de 500 kilómetros de la capital tachirense. Generalmente, algunos equipos realizan estos viajes ida por vuelta, es decir, van y vienen al destino en el que se disputará el choque el mismo día, lo que aumenta el nivel de exigencia física de los muchachos. Y eso sin tomar en cuenta que en 2015, hace cuatro años, días en que vivía en esa ciudad, la crisis de la escasez de combustible y transporte no se había agudizado.

La carretera no es para los chamos. Y en las condiciones actuales de escasez y delincuencia, mucho menos, independientemente si viajen en colectivo o con sus padres, no debe ser que un chamo utilice parte de su valioso tiempo en un traslado de tres o más horas de camino.

Si bien es cierto que el nivel de competitividad puede aumentar al enfrentar a clubes de distintos estados entre sí (cosa que realmente es difícil de comprobar), el fútbol formativo debe adecuarse a las realidades y encontrar soluciones que eviten el desgaste innecesario de los chamos que hacen sacrificios para poder alcanzar un sueño.

Una cosa es tener que trasladarse desde la casa hasta el punto de entrenamiento (cosa que ya no depende plenamente del club) a competir tan lejos de casa. La Federación Venezolana de Fútbol, si bien ha tratado de adecuar los torneos formativos a las exigencias de Conmebol, debe adecuarse a las situaciones que atraviesa el país y es un riesgo enorme someter a los chamos a estos peligrosos traslados. Hay suficientes equipos organizados en cada estado, lo que permite que la competencia interna sea factible.

Si bien lo que jugaba Brayan era un cuadrangular, un torneo no federado, es real que los clubes deben trasladar en la mayoría de los estados del país, a sus jugadores en largos viajes. Son los mismos equipos quienes deben velar por toda la logística, transporte incluido, en este tipo de eventos. También pasa que los padres prefieren llevar ellos mismos a sus muchachos en los vehículos particulares para ahorrarles desgaste, cosa que no debería ser permitida de parte de la organización.

Todos los chamos hacen los sacrificios necesarios porque quieren lograr el sueño de ser futbolistas profesionales. Harán lo que sea posible para llegar a ser un Josef Martínez, un Tomás Rincón o un Yeferson Soteldo, pero ese sueño no debe lidiar con peligros que hoy amenazan a nuestro país. El fútbol menor debe adecuarse a las necesidades y realidades del hoy y entender que lo que se puede entender como un sacrificio, algo inminente en cada meta que se quiere lograr, no tiene que confundirse con peligros.

Es necesario que exista una adecuación de los torneos de formación que se limiten a la disputa de campeonatos únicamente locales. Que los traslados sean estrictamente necesarios solo con la disputa de títulos y que los viajes sean con garantía de seguridad y adecuada atención a los menores.

Que lo de Brayan no quede impune y la sacudida federativa sea inmediata.