Intentona irresponsable, por Isaías A. Márquez Díaz

A la intentona del 4/2/1992 siguió el golpe del 27/11 de ese año, en el cual Chávez cayó preso. Desde el punto de vista militar fue una chapuza ostensiva de incapacidad organizativa y de ofensa hacia la vida humana -incluida la de sus leales- del luego presidente “comandante supremo y eterno”. Entre unas 300-400 vidas se perdieron en tan irresponsable y vesánica aventura, profesionalmente mediocre.

Aunque el golpe había sido detectado, extrañamente, el presidente Pérez ante las evidencias que le presentaron, rehusó aceptar la realidad. Posteriormente, se supo de su estrategia que no llegó a ejecutar, de acercarse a la izquierda cubana, que le había sido vendida por algunos ministros izquierdosos de su gabinete ejecutivo.

El hecho de aquel 27/11 podríamos considerarlo como un golpe dentro de un golpe. Chávez y 26 de sus secuaces del alzamiento del 4F se hallaban detenidos en Yare para ese momento. Los detenidos eran tan pocos porque el Ministerio de la Defensa por decisión del presidente había decidido dejar en libertad al grueso de unos 400 oficiales subalternos quienes habían participado en dicho golpe (grupo “COMACATES”).

Retornaron a sus puestos de combate, como si nada hubiese ocurido a prepararse a fin de reivindicar su felonía.

El golpe, aunque decapitado, quedó zigzagueando como ofidio sin cabeza y los organismos de inteligencia desestimaron sus acciones.

El movimiento insurgente dentro de la FAV fomentó la actuación de personal cívico-militar, donde también actuaron otras fuerzas, tales como la Armada y el Ejército, hasta la Conferencia Episcopal Venezolana, Academias Nacionales y aquel grupo de notables.

El organizador y líder de la nueva rebelión, ahora cívico-militar, el general Visconti Osorio, incitó a todos aquellos militares de la Aviación que estaban relacionados con las organizaciones “PROYECTO R-83” y Alianza Revolucionaria Militar en Acción (ARMA), quienes bajo liderazgo del tcnel Izarra Caldera habían existido, subrepticiamente, dentro de la FAV desde fines de la década 1970/inicios de 1980 y convocó, además, a todos aquellos quienes habían militado o simpatizado en el seno de la Aviación con el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200). Así, en muy poco tiempo, se forjó una facción insurgente dentro de la FAV a fin de incitar a otros componentes de las Fuerzas Armadas Nacionales y al sector revolucionario nacional (PCV, MAS y Bendera Roja). Al coronel Garrido Martínez se le encomendó hacer contacto con el exguerrillero Douglas Bravo.

Quienes actuaron en tan abyecta acción castronarcomunista aquel día tan aciago para la democracia venezolana, si aún perduran, mantendrán un remordimiento denso hasta el fin de sus días.